Drexler, tu guitarra y nosotros
Jamás hubiera pensado que los Oscar premiarían a Jorge Drexler por su hermosa canción, y nunca hubiera imaginado de qué modo agradecería el premio en el escenario. O cómo llegaríamos a agradecerlo nosotros.
Un año más, un gesto individual y espontáneo da lustre a la ceremonia y la salva, en parte, del sometimiento a las estrictas normas de la producción.
Héctor, Víctor y yo conocimos a Jorge Drexler hace ya una vida, cuando Sabina acababa de traérselo a España convencido de su talento. Fue en el programa Protagonistas, edición Madrid, al que asistíamos como público cada semana para aprender a hacer radio y comer ricos canapés de pastelerías Mallorca.
Ese día único, cantó Cerca del Mar y nos dejó patidifusos. Esa misma noche, convencí a mi amiga Dácil para ir a ver el concierto que estaba promocionando y, desde entonces, he seguido de cerca la carrera de este moro judío que vive con los cristianos.
Sus canciones han acompañado algunos de los mejores momentos de mi vida, bien lo sabe Desi, y el eco de sus dulces palabras resuena a menudo en mis oídos. A veces es la memoria, a veces es la iPod. Pero siempre es él.
"Es cierto que no hay arte sin emoción, y que no hay precisión sin artesanía, como tampoco hay guitarras sin tecnología: tecnología del nylon para las primas, tecnología del metal para el clavijero, la prensa, la gubia y el barniz : las herramientas del carpintero. El cantautor y su computadora, el pastor y su afeitadora, el despertador que ya está anunciando la aurora y en el telescopio se demora la última estrella".
Con él, todo se transforma. Con sus candombes digitales, con su guitarra y con todos vosotros.
Un año más, un gesto individual y espontáneo da lustre a la ceremonia y la salva, en parte, del sometimiento a las estrictas normas de la producción.
Héctor, Víctor y yo conocimos a Jorge Drexler hace ya una vida, cuando Sabina acababa de traérselo a España convencido de su talento. Fue en el programa Protagonistas, edición Madrid, al que asistíamos como público cada semana para aprender a hacer radio y comer ricos canapés de pastelerías Mallorca.
Ese día único, cantó Cerca del Mar y nos dejó patidifusos. Esa misma noche, convencí a mi amiga Dácil para ir a ver el concierto que estaba promocionando y, desde entonces, he seguido de cerca la carrera de este moro judío que vive con los cristianos.
Sus canciones han acompañado algunos de los mejores momentos de mi vida, bien lo sabe Desi, y el eco de sus dulces palabras resuena a menudo en mis oídos. A veces es la memoria, a veces es la iPod. Pero siempre es él.
"Es cierto que no hay arte sin emoción, y que no hay precisión sin artesanía, como tampoco hay guitarras sin tecnología: tecnología del nylon para las primas, tecnología del metal para el clavijero, la prensa, la gubia y el barniz : las herramientas del carpintero. El cantautor y su computadora, el pastor y su afeitadora, el despertador que ya está anunciando la aurora y en el telescopio se demora la última estrella".
Con él, todo se transforma. Con sus candombes digitales, con su guitarra y con todos vosotros.
(Sorry, pero a Knoffler no le daría ni la hora)

