Basin City
Sin City es como la madre de Hillary Swank en Million Dollar Baby. Una mala mujer con muchos malos hijos y de cuyas entrañas a veces nace algo que merece la pena.
Siempre he pensado que John Doe cometió allí sus crímenes y que William Somerset no ha tirado la toalla batallando en sus calles. Es una ciudad en blanco y negro, sin matices en la maldad, en la que permanecer firme junto a tus amigos puede obligarte a matar a un montón de gente. Un pueblo del Oeste sometido a los tiranos de siempre en el que los peores criminales pueden ser héroes y las prostitutas, diosas.
No te confundas, sus reglas no son las nuestras. Sus habitantes viven en ese mundo oscuro y humeante en el que cualquier mujer que entra en tu vida te la complicará hasta obligarte a matar por sus afilados zapatos de tacón. En el que Jake Gittes, Dwight y Sam Spade podrían tomarse una copa, y en el que ninguno llegará a casarse.
Raymond Chandler decía que una historia de serie negra no puede ser concebida, sólo destilada. También decía que el alcohol es como el amor. "El primer beso es mágico, el segundo es íntimo y el tercero es rutina. Después de eso, le quitas la ropa a la chica". Es en ese extraño mundo donde viven los personajes que pueblan esta ciudad, que es todas las ciudades y ninguna al mismo tiempo.
Y sólo puedo hacerte un par de advertencias.
Si ves dos veces a una joven japonesa cargada de esvásticas, es muy posible que no haya una tercera. Si se acerca a tí un gigante desorientado con tendencia a musitar como un paranoico o un negro enorme y peligroso vestido de chófer, limítate a apartarte. Si eres una chica joven y guapa perdida en el campo, lejos de la ciudad en un coche pequeño como una máquina de afeitar, evita las granjas. Dale una paliza a un tipo amarillento y chiquitín con cara de mala persona y nunca creas que la Policía está ahí para protegerte.
En esta ciudad, la clase y el dinero son más peligrosos que el lumpen. Esquiva a Ava, si puedes. "Cuando la tenías a diez metros, parecía llena de clase, pero cuando la tenías a tres metros, te dabas cuenta de que estaba hecha para ser vista con diez metros de distancia".
Alégrate de no vivir allí, pero intenta visitar sus calles si tienes un fin de semana y un billete de avión, directo y sin escalas, con destino a la mente enfermiza de su creador, Frank Miller.
Pero si no te gusta volar y sólo quieres hacerte una idea, pronto tendrás en tus cines una película...

Siempre he pensado que John Doe cometió allí sus crímenes y que William Somerset no ha tirado la toalla batallando en sus calles. Es una ciudad en blanco y negro, sin matices en la maldad, en la que permanecer firme junto a tus amigos puede obligarte a matar a un montón de gente. Un pueblo del Oeste sometido a los tiranos de siempre en el que los peores criminales pueden ser héroes y las prostitutas, diosas.
No te confundas, sus reglas no son las nuestras. Sus habitantes viven en ese mundo oscuro y humeante en el que cualquier mujer que entra en tu vida te la complicará hasta obligarte a matar por sus afilados zapatos de tacón. En el que Jake Gittes, Dwight y Sam Spade podrían tomarse una copa, y en el que ninguno llegará a casarse.
Raymond Chandler decía que una historia de serie negra no puede ser concebida, sólo destilada. También decía que el alcohol es como el amor. "El primer beso es mágico, el segundo es íntimo y el tercero es rutina. Después de eso, le quitas la ropa a la chica". Es en ese extraño mundo donde viven los personajes que pueblan esta ciudad, que es todas las ciudades y ninguna al mismo tiempo.
Y sólo puedo hacerte un par de advertencias.
Si ves dos veces a una joven japonesa cargada de esvásticas, es muy posible que no haya una tercera. Si se acerca a tí un gigante desorientado con tendencia a musitar como un paranoico o un negro enorme y peligroso vestido de chófer, limítate a apartarte. Si eres una chica joven y guapa perdida en el campo, lejos de la ciudad en un coche pequeño como una máquina de afeitar, evita las granjas. Dale una paliza a un tipo amarillento y chiquitín con cara de mala persona y nunca creas que la Policía está ahí para protegerte.
En esta ciudad, la clase y el dinero son más peligrosos que el lumpen. Esquiva a Ava, si puedes. "Cuando la tenías a diez metros, parecía llena de clase, pero cuando la tenías a tres metros, te dabas cuenta de que estaba hecha para ser vista con diez metros de distancia".
Alégrate de no vivir allí, pero intenta visitar sus calles si tienes un fin de semana y un billete de avión, directo y sin escalas, con destino a la mente enfermiza de su creador, Frank Miller.
Pero si no te gusta volar y sólo quieres hacerte una idea, pronto tendrás en tus cines una película...


