Ursus Horribilis
El chepudo oso gris, ¡ese animal!
Estos gigantes pueden llegar a pesar 700 kilos y sus uñas alcanzan los 15 centímetros de longitud. Alcanzan los 50 kilómetros por hora en carrera y no sólo tienen un excelente olfato, sino que su vista y oído son similares a los de un perro. Además, parece que saben cómo comunicarse. Y no se rinden.
No, no me he convertido en un FRdlF de la vida, ni quiero jugar con el osito de la Osa Mayor. Es sólo que cuanto peor lo hace mi equipo de fútbol, más orgulloso estoy de mi equipo de baloncesto, los Grizzlies de Memphis.
Obviamente, mi absurda afición se corresponde con la llegada de Pau Gasol a la NBA y con sus esfuerzos para convertirse en el mejor deportista español de todos los tiempos, un objetivo que aún está a su alcance.
Pero reconozco que hace tiempo que mi afición ha trascendido la Gasol-manía.
Para mí, los Grizzlies no sólo son el equipo de Gasol, sino que puedo citar su alineación mejor que la del Madrid, y diez veces mejor que la de Estudiantes. Son mis Rukawas y mis Hanamichis...
Jason William, J-Will, el base loco, que desde su llegada de Sacramento y tras una discutible primera temporada ha recuperado sensatez en la elección de tiro y ya confía en que sus compañeros no meterán la pata si reciben la bola. Ahora tiene problemas con un pie, pero esperemos que un poco de descanso le ponga en órbita de cara a los play-offs. Ha tenido en Earl Watson a un sustituto eficiente e implacable, de los que te roban el puesto a poco que te descuidas...
Mike Miller, el buen chico, un tipo versátil que puede jugar como escolta o como alero, mortal desde la línea de tres y que parece completamente recuperado de los problemas de espalda que tanto le lastraron en el pasado. Sin duda, una de las claves del equipo en esta temporada.
Brian Cardinal, el Custodio, el Doctor Dolor. Ex del Pamesa, el calvo es un Gravesen de la vida. Habilidoso y capaz de anotar, su capacidad de sacrificio en la defensa y su lucha por los rebotes le han permitido alzarse con un hueco en el equipo titular en ausencia de Bonzi Wells, otro 'bad boy' reconvertido que ha debido lidiar con lesiones y cuyo talento se ha impuesto a su mala fama. A ratos irregular, Wells al menos tiene el valor de reconocer que a veces es más útil cuando sale desde el banquillo y se ha convertido en un ciudadano modelo frente a sus conflictivos días en Portland.
Shane Battier, otro buen chico. El clásico líder universitario graduado en Duke, bueno para todo y con aspiraciones de convertirse en el primer presidente negro de EEUU, ha liberado a Gasol de muchas labores de relaciones públicas. Su aportación en la pista es la de un todoterreno muy bregado, feroz en defensa y capaz de aportar lo que haga falta en cada momento. Llegó al mismo tiempo que Gasol y, desde el principio, fueron los superhéroes salvadores de la franquicia, ¡Batt-man y Pow!
James Posey, el jugador explosivo y atlético que llevó al equipo hasta posiciones de play-off el curso pasado, este año ha estado completamente bloqueado a causa de las lesiones, pero su último partido contra los Hornets anuncia grandes cosas.
Stromile Swift. Grande, atlético, dominante, sin duda, Swift es el Hanamichi 'basket man' del equipo, pero su irritante incapacidad para mostrar consistencia y sus limitaciones, demostradas sobradamente desde que se incorporó al equipo como novato en 2000, le han impedido brillar al nivel al que podría.. Los comentaristas deportivos de Memphis siempre le han preferido a Pau, aunque creo que su futuro en este equipo pasa por suceder a Lorenzen Wright como pívot bajito y peleón. Wright, no hay que olvidarle, está haciendo una muy buena temporada, y en sus manos también han estado algunas de las victorias más trabajadas de este complicado ejercicio.
Pau Gasol, el hombre al que hay que pasar el balón. Ha vuelto a los entrenamientos y los médicos parecen más confiados en de su recuperación de la ligera fractura en el pie, fina como un pelo de cobaya, que le ha mantenido apartado de las canchas desde enero. Si recupera pronto su juego, el equipo recibirá un importante impulso de cara al final de la temporada regular y una pieza indispensable para los play-offs. Ala-pivot con la capacidad y el talento de amarrar un triple de cuando en cuando, un talento natural para el baloncesto y una preparación básica a la europea, al menos no llegará cansado a la recta final. Sólo le queda recuperar la forma.
En el fondo de la foto tenemos a Anthony Burks, un héroe universitario de la ciudad que hasta ahora no ha aportado demasiado; Dahntay Jones, otro hombre de Duke ligeramente más prometedor; el gigantón griego Jake Tsakalidis, y Andre Emmet, de la Texas Tech, que aún no ha demostrado nada y está en la lista de lesionados con una tendinitis en la rodilla izquierda.
Un equipo con banquillo y sin estrellas en el que todo el mundo lucha por acabar cada partido del mejor modo posible. Han perdido poco y, cuando han perdido, lo han hecho casi siempre por poco. Hace tres años, los grizzlies eran un equipo al que todo el mundo esperaba ganar. Hoy, son el equipo contra el que no te importa perder.
El máximo artífice de este cambio ha sido Jerry West, llamado 'El Logo' porque es su silueta la que adorna el logotipo de la NBA. El dueño de la franquicia se lo trajo desde Los Ángeles Lakers, donde su función era principalmente decorativa, para que sacase de la nada un equipo de baloncesto. Le atrajo con la promesa de un nuevo estadio, el Fed-Ex Forum, y poderes absolutos. Y West ha respondido con todo lo que de él se esperaba. Su empeño en contratar entrenadores de la vieja escuela, como Hubie Brown primero y Mike Fratello a continuación, está a punto de fructificar en un segundo año consecutivo de presencia en las finales. Fratello ha relevado a un Brown cansado e incapaz de enfrentarse a un mal inicio de temporada y lo ha hecho aplicando sus mismas técnicas: profundidad en el banquillo y una oportunidad a todo el que la merezca sobre el parqué.
Si las lesiones empiezan a remitir, Gasol vuelve en plena forma y el equipo no pierde cohesión con las reincorporaciones, podríamos tener un tapado para las finales. Y el resto de equipos deberán gritar, como ya hizo Homer Simpson:
¡Ni feos, ni hermosos, no queremos osos!

Estos gigantes pueden llegar a pesar 700 kilos y sus uñas alcanzan los 15 centímetros de longitud. Alcanzan los 50 kilómetros por hora en carrera y no sólo tienen un excelente olfato, sino que su vista y oído son similares a los de un perro. Además, parece que saben cómo comunicarse. Y no se rinden.
No, no me he convertido en un FRdlF de la vida, ni quiero jugar con el osito de la Osa Mayor. Es sólo que cuanto peor lo hace mi equipo de fútbol, más orgulloso estoy de mi equipo de baloncesto, los Grizzlies de Memphis.
Obviamente, mi absurda afición se corresponde con la llegada de Pau Gasol a la NBA y con sus esfuerzos para convertirse en el mejor deportista español de todos los tiempos, un objetivo que aún está a su alcance.
Pero reconozco que hace tiempo que mi afición ha trascendido la Gasol-manía.
Para mí, los Grizzlies no sólo son el equipo de Gasol, sino que puedo citar su alineación mejor que la del Madrid, y diez veces mejor que la de Estudiantes. Son mis Rukawas y mis Hanamichis...
Jason William, J-Will, el base loco, que desde su llegada de Sacramento y tras una discutible primera temporada ha recuperado sensatez en la elección de tiro y ya confía en que sus compañeros no meterán la pata si reciben la bola. Ahora tiene problemas con un pie, pero esperemos que un poco de descanso le ponga en órbita de cara a los play-offs. Ha tenido en Earl Watson a un sustituto eficiente e implacable, de los que te roban el puesto a poco que te descuidas...
Mike Miller, el buen chico, un tipo versátil que puede jugar como escolta o como alero, mortal desde la línea de tres y que parece completamente recuperado de los problemas de espalda que tanto le lastraron en el pasado. Sin duda, una de las claves del equipo en esta temporada.
Brian Cardinal, el Custodio, el Doctor Dolor. Ex del Pamesa, el calvo es un Gravesen de la vida. Habilidoso y capaz de anotar, su capacidad de sacrificio en la defensa y su lucha por los rebotes le han permitido alzarse con un hueco en el equipo titular en ausencia de Bonzi Wells, otro 'bad boy' reconvertido que ha debido lidiar con lesiones y cuyo talento se ha impuesto a su mala fama. A ratos irregular, Wells al menos tiene el valor de reconocer que a veces es más útil cuando sale desde el banquillo y se ha convertido en un ciudadano modelo frente a sus conflictivos días en Portland.
Shane Battier, otro buen chico. El clásico líder universitario graduado en Duke, bueno para todo y con aspiraciones de convertirse en el primer presidente negro de EEUU, ha liberado a Gasol de muchas labores de relaciones públicas. Su aportación en la pista es la de un todoterreno muy bregado, feroz en defensa y capaz de aportar lo que haga falta en cada momento. Llegó al mismo tiempo que Gasol y, desde el principio, fueron los superhéroes salvadores de la franquicia, ¡Batt-man y Pow!
James Posey, el jugador explosivo y atlético que llevó al equipo hasta posiciones de play-off el curso pasado, este año ha estado completamente bloqueado a causa de las lesiones, pero su último partido contra los Hornets anuncia grandes cosas.
Stromile Swift. Grande, atlético, dominante, sin duda, Swift es el Hanamichi 'basket man' del equipo, pero su irritante incapacidad para mostrar consistencia y sus limitaciones, demostradas sobradamente desde que se incorporó al equipo como novato en 2000, le han impedido brillar al nivel al que podría.. Los comentaristas deportivos de Memphis siempre le han preferido a Pau, aunque creo que su futuro en este equipo pasa por suceder a Lorenzen Wright como pívot bajito y peleón. Wright, no hay que olvidarle, está haciendo una muy buena temporada, y en sus manos también han estado algunas de las victorias más trabajadas de este complicado ejercicio.
Pau Gasol, el hombre al que hay que pasar el balón. Ha vuelto a los entrenamientos y los médicos parecen más confiados en de su recuperación de la ligera fractura en el pie, fina como un pelo de cobaya, que le ha mantenido apartado de las canchas desde enero. Si recupera pronto su juego, el equipo recibirá un importante impulso de cara al final de la temporada regular y una pieza indispensable para los play-offs. Ala-pivot con la capacidad y el talento de amarrar un triple de cuando en cuando, un talento natural para el baloncesto y una preparación básica a la europea, al menos no llegará cansado a la recta final. Sólo le queda recuperar la forma.
En el fondo de la foto tenemos a Anthony Burks, un héroe universitario de la ciudad que hasta ahora no ha aportado demasiado; Dahntay Jones, otro hombre de Duke ligeramente más prometedor; el gigantón griego Jake Tsakalidis, y Andre Emmet, de la Texas Tech, que aún no ha demostrado nada y está en la lista de lesionados con una tendinitis en la rodilla izquierda.
Un equipo con banquillo y sin estrellas en el que todo el mundo lucha por acabar cada partido del mejor modo posible. Han perdido poco y, cuando han perdido, lo han hecho casi siempre por poco. Hace tres años, los grizzlies eran un equipo al que todo el mundo esperaba ganar. Hoy, son el equipo contra el que no te importa perder.
El máximo artífice de este cambio ha sido Jerry West, llamado 'El Logo' porque es su silueta la que adorna el logotipo de la NBA. El dueño de la franquicia se lo trajo desde Los Ángeles Lakers, donde su función era principalmente decorativa, para que sacase de la nada un equipo de baloncesto. Le atrajo con la promesa de un nuevo estadio, el Fed-Ex Forum, y poderes absolutos. Y West ha respondido con todo lo que de él se esperaba. Su empeño en contratar entrenadores de la vieja escuela, como Hubie Brown primero y Mike Fratello a continuación, está a punto de fructificar en un segundo año consecutivo de presencia en las finales. Fratello ha relevado a un Brown cansado e incapaz de enfrentarse a un mal inicio de temporada y lo ha hecho aplicando sus mismas técnicas: profundidad en el banquillo y una oportunidad a todo el que la merezca sobre el parqué.
Si las lesiones empiezan a remitir, Gasol vuelve en plena forma y el equipo no pierde cohesión con las reincorporaciones, podríamos tener un tapado para las finales. Y el resto de equipos deberán gritar, como ya hizo Homer Simpson:
¡Ni feos, ni hermosos, no queremos osos!


