De la Homofobia
Tengo un amigo que insiste en calificarme de homófobo cada vez que de mis labios sale cualquier comentario sobre los gays en nuestras conversaciones de sobremesa. Este amigo, al que quiero con locura, tiene tendencia a cogerse generosos rebotes conmigo al oir de mis labios comentarios que yo nunca tendría inconveniente en hacer delante de mis amigos homosexuales, declarados o no (y no va por tí, José, eres ambiguo pero no tanto)...
Cuando me ha reiterado por enésima vez esta acusación, que obviamente considero injusta, le he respondido con este correo electrónico, completamente innecesario pero revelador acerca de mi forma de pensar, que queda para el libre escrutinio de la humanidad y para la posteridad...
QUERIDO AMIGO...
Tras recibir tu mensaje, la conclusión a la que he llegado es que nuestro único e irresoluble problema es que tenemos opiniones distintas sobre el significado mismo del término homofobia... Maldita semántica.
Yo me quedo con la definición de la RAE, en la que afortunadamente no me atrevo a incluirme:
Homofobia:Aversión obsesiva hacia las personas homosexuales.
Aversión: Rechazo o repugnancia frente a alguien o algo.
Obsesiva: Perteneciente o relativo a la obsesión
Obsesión: Perturbación anímica producida por una idea fija
Idea que con tenaz persistencia asalta la mente
Según la suma de esas definiciones, para ser homófobo hay que sentir y manifestar rechazo o repugnancia de forma tenaz y persistente, sintiendo además una cierta perturbación anímica, hacia las personas homosexuales...
Tu definición de la homofobia es, en cambio, del tipo: "persona que no piensa lo mismo que yo acerca de los homosexuales, sea cual sea su opinión hacia ellos y su trato con ellos, y que se limita a expresar con libertad sus opiniones poco documentadas --basadas sólo en sus humildes experiencias personales y poco trascendentes lecturas-- y a sacar el tema a colación en público cuando a todas luces está claro que la única forma de hablar de cualquier colectivo, minoría o raza sin caer en la incorrección política es limitarse al respetuoso silencio y a asumir que todos somos iguales a pesar de que todos somos diferentes, sin que eso tenga nada de malo".
Según cualquier definición parecida a esa, no sólo soy homófobo, sino también machista, feminista, racista, facha, rojeras y otros muchos calificativos contrapuestos, dependiendo del pie con el que cada mañana me haya levantado, la cafeína que haya consumido, lo bien o mal que haya dormido y otros muchos factores a cual más divertido. Porque no pensaré nunca lo mismo que tú ni que nadie sobre los emigrantes, los gitanos, los okupas, los skins, Nuria Bermúdez, la gente de Villaverde, James Bond o la madre que los parió a todos. Y porque siempre me dará lo mismo decir una cosa u otra sobre cualquiera de ellos al calor de un mal café y entre olores de fritanga.
En cualquier caso, te reto a indicar cuándo he propuesto algún recorte de libertades o derechos para cualquier persona perteneciente a un colectivo por el mero hecho de pertenecer a él. O cuándo he caído en la descalificación o discriminación más allá de descripciones, opiniones o curiosidad sobre comportamientos de grupo (incluyendo a varones anglosajones heterosexuales y protestantes, que dicen los yanquis).
Y es que incluso cuando me refiero al clero católico, el único colectivo contra el que tengo muchos prejuicios evidentes y manifiestos, así como un odio tan cerval como muchas veces injustificado, dejo abiertas todas las ventanas del respeto y exijo el buen trato hacia cualquiera de sus integrantes y de los ritos que practican (siempre que los monaguillos estén vestidos).
Defiendo su financiación en términos proporcionales y dentro de la ley, no repruebo la existencia de colegios en los que eduquen a los hijos de mis vecinos (a pesar de tener dudas sobre su financiación por parte del erario público) y cada vez que he tenido delante a uno de sus miembros le he tratado como a un igual y jamás he tenido ni un solo problema.
Como nunca lo he tenido con nadie que no haya querido tenerlo conmigo.
En cambio, la RAE me da una puñalada trapera al revelarme las definiciones oficiales de
Curiosidad: Deseo de saber o averiguar alguien lo que no le concierne
y de
Cotilla: Persona amiga de chismes y cuentos
Ambas son definiciones que SI me conciernen y acusaciones verosímiles ante las que no puedo menos que bajar la cabeza...
Puedo ser una persona con curiosidad sobre la homosexualidad y quienes la practican (aunque no me concierna), y nadie negará a estas alturas que tengo una boca como un buzón de correos (algo que muchos gays aprobarían... ¡más madera!), pero no creo que llamarme homófobo sea terminológicamente correcto. Además, como no soy Maragall yo sí puedo decir lo primero que me viene a la cabeza sin tener que pensar en los titulares del día siguiente, e incluso puedo volcar en Internet mis opiniones sin tener que someterlas al juicio de terceros ¡viva! ¡viva! Pero sólo asumiendo que mis amigos conocen mis defectos y saben que nunca hay que tomarme demasiado en serio en la tertulia del café...
Es lo que tiene vivir en un país libre y en el que (por fin) comienzan a desaparecer las estatuas de personas empeñadas en decirnos qué pensar y cómo pensarlo, qué decir y cómo decirlo. Gente que gustaba de agredir a cómicos y payasos, la gente que inspiró a quienes mataron al portero de la redacción de El Papus y el refrán de "en boca cerrada no entran moscas". Gente que gustaba de exhibir superioridad moral, amor por la familia y el ejercicio (siempre que consideres la caza como un ejercicio), gusto por los pantanos (que mandó construir la República) y costumbres ordenadas.
Cuando me ha reiterado por enésima vez esta acusación, que obviamente considero injusta, le he respondido con este correo electrónico, completamente innecesario pero revelador acerca de mi forma de pensar, que queda para el libre escrutinio de la humanidad y para la posteridad...
QUERIDO AMIGO...
Tras recibir tu mensaje, la conclusión a la que he llegado es que nuestro único e irresoluble problema es que tenemos opiniones distintas sobre el significado mismo del término homofobia... Maldita semántica.
Yo me quedo con la definición de la RAE, en la que afortunadamente no me atrevo a incluirme:
Homofobia:Aversión obsesiva hacia las personas homosexuales.
Aversión: Rechazo o repugnancia frente a alguien o algo.
Obsesiva: Perteneciente o relativo a la obsesión
Obsesión: Perturbación anímica producida por una idea fija
Idea que con tenaz persistencia asalta la mente
Según la suma de esas definiciones, para ser homófobo hay que sentir y manifestar rechazo o repugnancia de forma tenaz y persistente, sintiendo además una cierta perturbación anímica, hacia las personas homosexuales...
Tu definición de la homofobia es, en cambio, del tipo: "persona que no piensa lo mismo que yo acerca de los homosexuales, sea cual sea su opinión hacia ellos y su trato con ellos, y que se limita a expresar con libertad sus opiniones poco documentadas --basadas sólo en sus humildes experiencias personales y poco trascendentes lecturas-- y a sacar el tema a colación en público cuando a todas luces está claro que la única forma de hablar de cualquier colectivo, minoría o raza sin caer en la incorrección política es limitarse al respetuoso silencio y a asumir que todos somos iguales a pesar de que todos somos diferentes, sin que eso tenga nada de malo".
Según cualquier definición parecida a esa, no sólo soy homófobo, sino también machista, feminista, racista, facha, rojeras y otros muchos calificativos contrapuestos, dependiendo del pie con el que cada mañana me haya levantado, la cafeína que haya consumido, lo bien o mal que haya dormido y otros muchos factores a cual más divertido. Porque no pensaré nunca lo mismo que tú ni que nadie sobre los emigrantes, los gitanos, los okupas, los skins, Nuria Bermúdez, la gente de Villaverde, James Bond o la madre que los parió a todos. Y porque siempre me dará lo mismo decir una cosa u otra sobre cualquiera de ellos al calor de un mal café y entre olores de fritanga.
En cualquier caso, te reto a indicar cuándo he propuesto algún recorte de libertades o derechos para cualquier persona perteneciente a un colectivo por el mero hecho de pertenecer a él. O cuándo he caído en la descalificación o discriminación más allá de descripciones, opiniones o curiosidad sobre comportamientos de grupo (incluyendo a varones anglosajones heterosexuales y protestantes, que dicen los yanquis).
Y es que incluso cuando me refiero al clero católico, el único colectivo contra el que tengo muchos prejuicios evidentes y manifiestos, así como un odio tan cerval como muchas veces injustificado, dejo abiertas todas las ventanas del respeto y exijo el buen trato hacia cualquiera de sus integrantes y de los ritos que practican (siempre que los monaguillos estén vestidos).
Defiendo su financiación en términos proporcionales y dentro de la ley, no repruebo la existencia de colegios en los que eduquen a los hijos de mis vecinos (a pesar de tener dudas sobre su financiación por parte del erario público) y cada vez que he tenido delante a uno de sus miembros le he tratado como a un igual y jamás he tenido ni un solo problema.
Como nunca lo he tenido con nadie que no haya querido tenerlo conmigo.
En cambio, la RAE me da una puñalada trapera al revelarme las definiciones oficiales de
Curiosidad: Deseo de saber o averiguar alguien lo que no le concierne
y de
Cotilla: Persona amiga de chismes y cuentos
Ambas son definiciones que SI me conciernen y acusaciones verosímiles ante las que no puedo menos que bajar la cabeza...
Puedo ser una persona con curiosidad sobre la homosexualidad y quienes la practican (aunque no me concierna), y nadie negará a estas alturas que tengo una boca como un buzón de correos (algo que muchos gays aprobarían... ¡más madera!), pero no creo que llamarme homófobo sea terminológicamente correcto. Además, como no soy Maragall yo sí puedo decir lo primero que me viene a la cabeza sin tener que pensar en los titulares del día siguiente, e incluso puedo volcar en Internet mis opiniones sin tener que someterlas al juicio de terceros ¡viva! ¡viva! Pero sólo asumiendo que mis amigos conocen mis defectos y saben que nunca hay que tomarme demasiado en serio en la tertulia del café...
Es lo que tiene vivir en un país libre y en el que (por fin) comienzan a desaparecer las estatuas de personas empeñadas en decirnos qué pensar y cómo pensarlo, qué decir y cómo decirlo. Gente que gustaba de agredir a cómicos y payasos, la gente que inspiró a quienes mataron al portero de la redacción de El Papus y el refrán de "en boca cerrada no entran moscas". Gente que gustaba de exhibir superioridad moral, amor por la familia y el ejercicio (siempre que consideres la caza como un ejercicio), gusto por los pantanos (que mandó construir la República) y costumbres ordenadas.

