lunes, 04 de abril de 2005

El Código Dabinci para Vagos... Episodio I

ATENCIÓN: SPOILERS (¡aaaah! ¡quítamelos! ¡quítamelos!)

Hola, mi nombre es Don Roberto Lang, y soy simbólogo... ¿Que cómo me puedo ganar la vida con esto? Interesante pregunta, pero más interesante aún es cómo diablos puedo ser tan alto, tan guapo y tan listo sin que las universitarias me acosen por los pasillos. Respuesta: Efectivamente, me acosan, y estoy en Francia como el bueno de Roman Polanski, escapando de las autoridades de mi país por culpa de una niñata que juraba y perjuraba tener más de 18 años. Ahora entiendo al pobre Rockhound... Y luego siempre somos tipos como nosotros los que debemos salvar el mundo de meteoritos gigantes.

El Indiana Jones de la simbología, me llamaban, sin saber cuáles eran mis verdaderas hazañas con el látigo...

Una noche, y sin que yo lo sepa, un monje feo y albino empieza a tocar las pelotas a diestro y siniestro por todo París en busca de un secreto más antiguo que los injertos de Sara Montiel, y ejecuta a un desconocido en el Museo del Louvre. Antes de morir, el futuro difunto le mete una trola y el albino se queda tan pancho, demostrando que tiene tanto seso como melanina... Previamente, otros tres cadáveres por toda la ciudad le habían metido la misma historia. Cuatro masones capullos no pueden estar equivocados: El Grial está en París.

Y es entonces cuando hago acto de presencia, mientras disfruto de conferencia en conferencia y de cena en cena por París la Nuit durmiendo a las monas en los auditorios más prestigiosos. Poco después de que el monje albino haya hecho de las suyas, viene a por´mí la Pasma (en Francia, Le Pasme). Al principio me preocupo, temiendo la extradición, pero me quedo de lo más tranquilo cuando el equivalente franchute de Tito Valverde me lleva hasta el escenario del crimen. Agata Ruiz de la Cristi e Indiana Jones, todo en el mismo y soberbio paquete (nunca mejor dicho).

Conocía vagamente al fallecido, un estudioso recluido y parásito que probablemente le daba a la pornografía infantil en sus ratos libres. Y es cierto que habíamos quedado para tomar un par de copas y hablar de las diferencias entre engañar a pardillos en Francia y engañar a pardillos en Estados Unidos ¡Pero no habíamos llegado a reunirnos! ¡Además está claro que ha sido el albino! Maldita Policía... Si la madera pudiera leer las subtramas, otro gallo nos cantaría...

Pues nada, que ante la espeluznante vista del cadáver, dispuesto sobre el escenario con menos elegancia que el perillas de Operación Triunfo y rodeado de sopas de letras made in Ocón de Oro empiezo a inventarme tonterías mientras me increpa el poli de marras. Que si el lado femenino por aquí, que si la importancia de la divinidad de la mujer por allá... Todo lo que se me va ocurriendo... El otro se limita a asentir y a sonreir, como diciendo que entiende lo que digo, que por favor siga, que tío más pirado no ha conocido...

Y en esto estamos hasta que aparece una muchachita de buen ver en escena, de nombre Sofí, y me sugiere discretamente que salga del museo por pies y me aleje del escenario del crimen para escapar del dispositivo de lecheras dispuesto en torno al recinto con el fin último de pillarme en un renuncio.

Como en una película de los hermanos Marx, empezamos a recorrer pasillos del museo perseguidos por las autoridades hasta que (y no bromeo), saltamos sobre un camión en marcha para darnos el piro. Afortunadamente, somos lo bastante inteligentes como para darnos cuenta de que me han plantado un transmisor y que tenemos que endosárselo a algún gato callejero que despiste a la Policía.

Una vez que hemos terminado de emular al agente Bourne con felina destreza, empiezo a darme cuenta de que esta chica no sólo está coladita por mis huesos (como es normal), sino que además tiene la molesta costumbre de darme la razón y asentir cada vez que digo cualquier cosa. ¿No se supone que tiene una educación universitaria?

Así que empiezo a comerle la cabeza con todo tipo de teorías surrealistas. Lo más extraño de todo es que, por más tonterías que le digo, más convencida está la tal Sofí de mi más absoluta genialidad... Dice que es experta en criptografía, pero la tercera vez que me pregunta cómo resolver una sopa de letras empiezo a preguntarme si no ha hecho un curso por correspondencia de JJ Benítez.

Al parecer, el difunto era su abuelo y mantuvo una íntima relación con ella en su más tierna infancia hasta que le descubrió montándoselo disfrazado de payaso con otra mujer mucho más mayor... Eso les había distanciado hasta ahora, como cualquiera podría entender.

Al tipo muerto, cuando no se vestía de payaso, le gustaba hacer barcos dentro de botellas y, gracias a las pistas que hemos ido recogiendo en las sopa de letras, descubrimos que hay una caja de seguridad en un banco suizo que contiene una de esas botellas, que a su vez contiene el secreto del Grial. Esta historia empieza a parecer una Matriuska. Afortunadamente, al menos el tema me viene de fábula, porque llevo años leyendo tontunas sobre el Grial y viendo pelis de medio pelo sobre el tema para que mis historietas suenen un poco verídicas.

Tubi Continué, Tubi Dubidá

Comentarios

Añadir un comentario

Autor: KATREyuk
Fecha: jueves, 07 de abril de 2005
Hora: 12:59

ole ole y ole!
que pasada de relato! ¿a que me recordará?
jejejeje
por favor, continuelo usted... mu bueno...
eres un artista!
Autor: Invitado
Fecha: viernes, 08 de abril de 2005
Hora: 18:29

No está mal la historia, pero faltan un par de camarlengos y de cardenales in pectore para que tenga más gracia.
Autor: Invitado
Fecha: sábado, 10 de diciembre de 2005
Hora: 3:33

muñeco de nievemuñeco de nievemuñeco de nievemuñeco de nievemuñeco de nieveArdiendoArdiendoArdiendoHeladoHeladoAvergonzadoAvergonzadoAvergonzadoNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadNavidadinvasorinvasorinvasorinvasorinvasor
Autor: Invitado
Fecha: viernes, 23 de junio de 2006
Hora: 18:21

como estan