El Código Dabinci para Vagos... Episodio II: El Vago era Yo
(Atención: Los spoilers son perjudiciales para la salud y provocan cáncer de pulmon y de gusto literario)
Así que, ni cortos ni perezosos, acudimos al banco suizo para ver si la cosa, poquito a poco, se va aclarando. Afortunadamente, contamos con una llave electrónica que, cual tarjeta de hotel, funciona sólo a ratos. En plena noche, el amable conserje de la entidad se aviene a recibirnos y a llevarnos hasta la bóveda donde esconden la botella de la clave. Pero nos la está jugando, pues era muy amigo del abuelo de Sofí y sabe perfectamente que no somos los propietarios originales del objeto que estamos buscando.
En cualquier caso, y tras varias complicadas peripecias en las que participa la Policía, el hecho de que llevábamos sin saberlo otro transmisor y una cantidad considerable de suerte, salimos del edificio salvos y sanos, y nos dirigimos raudos hacia la casa de mi buen amigo Paralítico Estudioso, un viejo podrido de dinero que vive en un castillo con su mayordomo, mucho más joven que él y que se encarga de hacerle las comidas.
El buen hombre, mucho más experto que yo a la hora de explicarle a la gente todo lo relacionado con el Grial, se pasa varias horas explicándole a Sofí toda la historia del Catolicismo desde el punto de vista de Kevin Smith. En resumen: Cristo, además de curar políglotas y pertenecer al frente de liberación de judea, se tiraba a María Magdalena, que era una rebelde y con la que tuvo varios hijitos.
Estos pequeños judíos hijos de rebelde ajusticiao crecieron, mientras la Iglesia se encargaba de ocultar todo el asunto para dar protagonismo a Pedro. Sólo los templarios estaban al quite de la movida, hasta que les dio por la albañilería, se convirtieron en masones y empezaron a reclutar a grandes próceres como Leo Dabinci, Isaac Newton-Perales y Hugo Víctor. Entre ellos se contaban el secretito y contribuían a educar a la prole de Cristo, llevándoles a colegios de pago y asegurándose de que iban manteniendo el pedigree con masonas de buena familia. El problema es que nadie sabe dónde se encuentran los dichosos tataranietos, y he aquí el verdadero secreto del grial: El Libro de Familia de Su Señor Jesucristo.
Mientras, en una trama alternativa, se descubre que detrás del albino tonto estaba un purpurado hispánico radicado en la sede niullorkina del OPUS, Monseñor Camarlengo Tupadre, entre lágrima y lágrima por la pérdida del Pontífice (famoso por hacer puentes). Éste tiene como aliado a un malo malísimo que se hace llamar El Máster del Universo y que ha ofrecido a la Santa Sede el dichoso libro de familia a cambio de un pico (y de dinero) para que puedan seguir manteniendo en secreto que llevan cien años acostándose sólo entre ellos, con niños, con sirvientas (todos nos acordamos de El Nombre de la Rosa), con animales.o incluso manteniendo la castidad en casos aislados, sólo por vicio.
Pero bueno, tras mucho rato de charla decidimos ir en avión privado a Londres para comprar ropa en Oxford Street y, por el camino, ver si encontramos el dichoso libro.
Al final, matan al albino, humillan a Fray Camarlengo, el malo no es equivalente franchute de Tito Valverde ni el mayordomo de Paralítico Estudioso, sino el propio P.E. Sofí es descendiente de Cristo y, aunque sigo creyendo que es tonta, me la llevo al huerto.
En el huerto no deja de decir: "Dios mío, Dios mío", y acabo recuperando la fé en la religión y en la literatura...
Así que, ni cortos ni perezosos, acudimos al banco suizo para ver si la cosa, poquito a poco, se va aclarando. Afortunadamente, contamos con una llave electrónica que, cual tarjeta de hotel, funciona sólo a ratos. En plena noche, el amable conserje de la entidad se aviene a recibirnos y a llevarnos hasta la bóveda donde esconden la botella de la clave. Pero nos la está jugando, pues era muy amigo del abuelo de Sofí y sabe perfectamente que no somos los propietarios originales del objeto que estamos buscando.
En cualquier caso, y tras varias complicadas peripecias en las que participa la Policía, el hecho de que llevábamos sin saberlo otro transmisor y una cantidad considerable de suerte, salimos del edificio salvos y sanos, y nos dirigimos raudos hacia la casa de mi buen amigo Paralítico Estudioso, un viejo podrido de dinero que vive en un castillo con su mayordomo, mucho más joven que él y que se encarga de hacerle las comidas.
El buen hombre, mucho más experto que yo a la hora de explicarle a la gente todo lo relacionado con el Grial, se pasa varias horas explicándole a Sofí toda la historia del Catolicismo desde el punto de vista de Kevin Smith. En resumen: Cristo, además de curar políglotas y pertenecer al frente de liberación de judea, se tiraba a María Magdalena, que era una rebelde y con la que tuvo varios hijitos.
Estos pequeños judíos hijos de rebelde ajusticiao crecieron, mientras la Iglesia se encargaba de ocultar todo el asunto para dar protagonismo a Pedro. Sólo los templarios estaban al quite de la movida, hasta que les dio por la albañilería, se convirtieron en masones y empezaron a reclutar a grandes próceres como Leo Dabinci, Isaac Newton-Perales y Hugo Víctor. Entre ellos se contaban el secretito y contribuían a educar a la prole de Cristo, llevándoles a colegios de pago y asegurándose de que iban manteniendo el pedigree con masonas de buena familia. El problema es que nadie sabe dónde se encuentran los dichosos tataranietos, y he aquí el verdadero secreto del grial: El Libro de Familia de Su Señor Jesucristo.
Mientras, en una trama alternativa, se descubre que detrás del albino tonto estaba un purpurado hispánico radicado en la sede niullorkina del OPUS, Monseñor Camarlengo Tupadre, entre lágrima y lágrima por la pérdida del Pontífice (famoso por hacer puentes). Éste tiene como aliado a un malo malísimo que se hace llamar El Máster del Universo y que ha ofrecido a la Santa Sede el dichoso libro de familia a cambio de un pico (y de dinero) para que puedan seguir manteniendo en secreto que llevan cien años acostándose sólo entre ellos, con niños, con sirvientas (todos nos acordamos de El Nombre de la Rosa), con animales.o incluso manteniendo la castidad en casos aislados, sólo por vicio.
Pero bueno, tras mucho rato de charla decidimos ir en avión privado a Londres para comprar ropa en Oxford Street y, por el camino, ver si encontramos el dichoso libro.
Al final, matan al albino, humillan a Fray Camarlengo, el malo no es equivalente franchute de Tito Valverde ni el mayordomo de Paralítico Estudioso, sino el propio P.E. Sofí es descendiente de Cristo y, aunque sigo creyendo que es tonta, me la llevo al huerto.
En el huerto no deja de decir: "Dios mío, Dios mío", y acabo recuperando la fé en la religión y en la literatura...

